No a los Combustibles Fósiles

Campamento Unist’ot’en

Punto de inspección en Unist'ot'en
subMedia

Los activistas de acciones directas que luchan por la justicia social y ambiental favorecen tácticas de toma de territorios y bloqueos. Usualmente estas acciones son principalmente simbólicas; su uso dentro de la estrategia de merma minimiza su impacto material. Los cuidadores de árboles ocasionalmente ganan la preservación de los remanentes de un bosque en lo que de otra forma parecería un desierto lunar. Los bloqueadores de oleoductos ocasionalmente retrasan un proyecto durante una temporada o dos hasta que la policía los desaloja y se termina la construcción. Occupy Wall Street encendió el entusiasmo y llamó la atención global, pero el balance de poder entre el 1% y el 99% empeoró.

El campamento Unist’ot’en es diferente. Un puñado de miembros del clan Unist’ot’en de los Wet’suwet’en en lo que ahora Canadá ha nombrado la Columbia Británica, ha bloqueado la construcción de siete proyectos de arenas bituminosas y petróleos esquistosos desde el 2011. Y para lograrlo no tuvieron que abandonar su hogar, tan sólo tuvieron que ocupar sus territorios durante todo el año y dirigirse justamente a las coordenadas de GPS de las líneas propuestas. Empezaron mudándose a una cabaña de cacería estacional dentro de su coto. En los años venideros, han agregado más habitaciones a la cabaña construyendo una letrina, un barracón y un centro de sanación. Están agregando actividades tradicionales de subsistencia tradicional con un jardín y bodega.

La táctica ha sido inusualmente exitosa por varias razones estratégicas:

  • El terreno montañoso es un cuello de botella natural que limita las rutas posibles para el oleoducto. Los oleoductos no pueden redirigirse fácilmente desde el sitio del campamento, mucho menos a través del territorio Unist’ot’en.

  • Sólo existe una sola carretera que entra en el territorio, lo cual hace que mantener la seguridad de frontera una tarea relativamente fácil. El Unist’ot’en usa este cuello de botella para detener y sondear a los prospectos visitantes en un puente, rechazando las solicitudes de los gobiernos y personal corporativo no-bienvenido.

  • El Unist’ot’en nunca entregó su territorio a Canadá. Ya que son los dueños legales del territorio, le pueden negar el acceso a los trabajadores del oleoducto sin fuerzas militares superiores que impongan los intereses de las corporaciones.

  • Históricamente, la legalidad en raras ocasiones ha detenido a los gobiernos canadienses u otros gobiernos colonialistas de hacer y tomar lo que quieran, pero conforme el Unist’ot’en construía su infraestructura física, también reforzaron sus redes de solidaridad con otros indígenas y con los miembros de la cultura colonialista canadiense. Con el apoyo diseminado de organizaciones comunitarias, el gobierno no interfirió con la ocupación hasta enero de 2019.

Resulta imposible determinar el número exacto de cuantas personas y recursos que se han necesitado para el éxito del bloqueo. A través de los años, cientos de visitantes y voluntarios han participado en el trabajo y acciones del campamento, con el apoyo de donadores hasta de quizás medio millón de dólares en dinero y suministros. La mayoría de las actividades y dinero han sido destinados a la educación de los colonialistas, ayudar a la sanción y formar redes con los ciudadanos colonialistas y activistas con participantes indígenas. Este trabajo es tangencial al bloqueo, pero sin un amplio apoyo para la ocupación, el gobierno la hubiera reprimido brutalmente.

Una porción relativamente pequeña de tiempo y dinero construyeron el núcleo de infraestructura y sostiene directamente el bloqueo. Quizás media docena de residentes indígenas son el ancla de las tareas diarias de vigilar el punto de inspección del puente, patrullaje de invasión aérea, suministrar al campamento vía actividades de subsistencia y conocer y presentar una oposición

Este grupo diminuto ha bloqueado varios oleoductos durante 7 años y contando, un caso ejemplar de intervención mínima con máximo impacto.

Aviso

Sería engañoso categorizar el campamento como “desobediencia civil”, ya que su éxito depende de su acción judicial de control de territorio. Ninguna otra campaña ambiental de desobediencia civil ha tenido un éxito comparable, porque los oficiales de policía tarde o temprano los someten. Debemos de inspirarnos en el Unist’ot’en, pero temperarnos en el realismo en cuanto al uso de tácticas similares que puedan replicarse con éxito.

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