No a los Combustibles Fósiles

Pérdida Forestal

Aceleración de daños gracias a Combustibles Fósiles

No podemos saber con precisión cuánto de los bosques se ha degradado o destruido desde que los humanos empezaron a usar combustibles fósiles, pero no hay duda de que las áreas de destrucción son enormes. En los últimos 8,000 años, los humanos han talado la mitad de la cobertura de la tierra y degradado otro 30%, lo cual se traduce a una pérdida del 80% de los bosques primarios ancestrales.1

Taladora-apiladora

Durante miles de años, las sociedades agrícolas dañaron la sustentabilidad de los territorios a través de la deforestación. Pero el auge de la industrialización cuadruplicó la destrucción y globalizó su alcance a una escala mundial. Empezando por las motosierras a las taladoras-apiladoras hasta las gigantescas trituradoras “Gyro-Trac” los avances tecnológicos han permitido una destrucción más rápida y exhaustiva. Más importante aún, los combustibles fósiles permiten el transporte de troncos y madera al mercado global, permitiendo que la explotación forestal no tenga límites mientras exista alguna posibilidad de ganancia.

Taladora-apiladora

El cambio climático multiplica la cantidad e intensidad de desastres naturales como huracanes e incendios, los cuales interrumpen el desarrollo de los bosques. El aumento del calor y sequías ejerce un estrés sobre los bosques, directamente matando árboles o aumentando su vulnerabilidad a ataques de insectos.

Tala Total

Pérdida forestal histórica global

Periodo Pérdida anual (miles de kilómetros) 2
1700 - 1849 19.3
1850 - 1919 29.3
1920 - 1949 111.0
1950 - 1979 112.0
1980 - 1995 141.0
Hábitat devastado

Pérdida Actual

La Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO) estima que entre el 2010 y 2015 hubo una pérdida global de 64,750 millones de metros de bosque natural. Esto equivale a unos 4,000 metros cada dos segundos.

La Global Forest Watch (“Vigilancia Global de Bosques”) ha empleado imágenes satelitales para estimar la pérdida de cubierta arbórea global y concluyó que entre el 2011 y 2016 se perdieron 170,000 - 295,000 millones de metros cuadrados cada año. Esto equivale a una pérdida de 5,260 a 9,300 metros de cobertura arbórea cada segundo.

Hábitat devastado

Revisa los retos para interpretar la información proveniente de diferentes fuentes que analizan la deforestación. Pero cada fuente concluye que la reducción de cobertura arbórea es precipitada.

Consecuencias

Los árboles juegan un papel crítico en el tejido de vida. La pérdida de árboles, en especial aquellos que crecen en los bosques ancestrales, degrada y altera el mantillo de los suelos, la calidad de aire, la captura de carbono, la productividad primaria neta, el hábitat y la calidad y disponibilidad del agua.

La destrucción de bosques tiene efectos devastadores en la vida de aquellos que hacen de él su hogar. Un número incontable de seres no-humanos dependen completamente de los bosques y mueren y terminan en la extinción cuando su hábitat les es arrebatado. Todos los seres humanos dependemos de los bosques para los ciclos globales de agua, aire y carbono y más de un mil millones dependen directamente de los bosques para sostener su alimentación, combustible, casa y forraje.

Retos para interpretar los datos

Existen cientos de especificaciones que definen lo que es un “bosque”, por lo que comparar la información de distintos países y referencias resulta difícil. Los dos tipos principales de medición global provienen de la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación y del World Resources Institutue (Instituto de Recursos Mundiales). Su información es complementaria y aportan dos perspectivas diferentes:

Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO)

La FAO publica una Evaluación de los Recursos Forestales Mundiales cada cinco años. Utilizan una definición interna consistente para delimitar los “bosques”, pero dependen en gran medida de la información generada de forma particular por cada país, así que la información recabada no es necesariamente homogénea ni absolutamente precisa.

La cobertura arbórea no es importante para la definición que la FAO tiene para bosques, la cual se conforma con que la tierra tenga el potencial para que puedan crecer árboles de un tamaño mínimo y haya una delimitación de terreno para el crecimiento de bosques. Cualquier área que haya sido talada o devastada por infestaciones de insectos o un incendio se le continúa considerando como bosque. Las plantaciones de árboles para productos alimenticios son excluidas.

En sus estadísticas globales, la FAO hace una distinción entre bosques naturales y plantaciones forestales. Sus definiciones hacen una distinción entre “bosque primario”, “bosque natural modificado”, y “bosque semi-natural”, pero sus datos carecen de una granularidad que sea representativa, distinguiendo sólo entre bosques “naturales” y “plantaciones”. Ya que los “bosques naturales” pueden incluir las áreas de crecimiento secundario o áreas reforestadas por seres humanos, termina siendo imposible determinar cuánto crecimiento antiguo se ha perdido.

Para una crítica más profunda, revisa la publicación de Rainforest Foundation, “Irrational Numbers: Why the FAO’s Forest Assessments Are Misleading” (Números Irracionales: Porque el Análisis de la FAO es Engañoso).

World Resources Institute (WRI)

El WRI trabajó en conjunto con otras organizaciones para lanzar el proyecto Global Forest Watch en 2001. Su información rastrea la cobertura arbórea, pero sin la intención de caracterizar el uso de terrenos. Las áreas que recientemente hayan sido taladas no cuentan como bosques, pero las plantaciones de monocultivos sí son consideradas.

En su reporte de 1997 llamado La Última Frontera de los Bosques: Ecosistemas y Economías al Borde, el World Resources Institute estimó que la cobertura forestal global era de 62.203 millones de kilómetros cuadrados hace 8 mil años. En 1996 el The World Forest Map (El Mapa Mundial de Bosques) del The World Conservation Monitoring Centre (Vigilancia Mundial de Conservación) estimó que sólo permanecen 33.363 millones de kilómetros cuadrados de cobertura de bosque primario.

El WRI cuantifica las ganancias, perdidas y totales de cubierta forestal, pero nos advierte que:

Debido a variaciones en la metodología de investigación y/o fecha de contenido, cobertura arbórea, la pérdida y ganancias no pueden compararse una contra otra. En consecuencia, la “perdida neta” no se puede calcular al sustraer las ganancias menos las pérdidas de cobertura y la extensión actual (después del 2000) de cobertura arbórea no se puede determinar sustrayendo la pérdida de cobertura arbórea anual de la cobertura del año 2000.

No está claro como conjuntar toda su información en un gran cuadro unificado, pero la reducción precipitada de la cobertura arbórea es evidente.


  1. World Resources Institute, The Last Frontier Forests: Ecosystems & Economies on the Edge, p 14. Su información de 1997 estimó una pérdida del 46% de la cobertura forestal y 78% de pérdida de crecimiento antiguo. ↩︎

  2. Michael Williams, Deforesting the Earth, p 372. Sus fuentes de información se basan en los trabajos de J. F. Richards, “Land Transformation,” en The Earth as Transformed by Human Action, ed. B. L. Turner II et al. (Cambridge: Cambridge University Press, 1990), 164; y correcciones de M. Williams, “Forest and Tree Cover,” en Changes in Land Use and Land Cover: A Global Perspective, ed. W. B. Meyer and B. L. Turner II (Cambridge: Cambridge University Press, 1994), 97124. ↩︎


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